
Nueva entrega de Historias de la Vida Real, con Black Mamba como protagonista y estrella principal, el Cabo Polonio como coprotagonista y un gran elenco.
Dirigida por Bolivia desde su silla de directora, mientras come una aceituna.
Catering: Fiambrería El Petunio de Petunio hnos.
Filmada en estudios Bolivia de la calle Potosí.
Exteriores cedidos por la Municipalidad de Zárate-Campana.
Agradecimientos a la guardia urbana y a la Scola do Samba "Tufo a Botnia" de la ciudad de Gualeguaychú.
El gusto por el disfraz, como bien sabemos, no es privativo del pueblo brasilero. También se entregan a las fantasías travestidas miles de otros pueblos y personajes particulares, así tenemos el Mardi Gras en New Orleans con su superabundancia de collares de colores y chicas revoleando sus remeras al son de los tambores, el Carnaval de Gualeguaychú, con sus plumas y sambódromos llenos de purpurina, los Halloween americanos, llenos de criaturas vestidas de zapallo y películas clase Z, las tímidas fiestas de disfraces infantiles en donde el Hombre Araña es naturalmente el favorito... pero también la Panamericana, los desfiles de alta costura, la facultad de filosofía y letras con sus hippies anacrónicos...
Black Mamba es una auténtica fanática del disfraz. Posee ella un guardarropas extra rebosante de caperuzas rojas, maillots con pompones, boas de marabú, jabots de encaje holandés, botas de cuero blanco y charreteras militares. Adora convertirse en miles de caracteres diferentes mientras ensaya en el espejo de su cuarto todos los movimientos que cada personaje conlleva. Así, le gusta ensayar pasos de can-can al ponerse la pollerita de tules, tira besos a diestra y siniestra si se calza las orejas de Minnie, da vueltitas y vueltitas enfundada en el traje de la mujer maravilla y pone cara de piedad si lo que se montó fueron las alitas blancas.
Recuerda Blackie que justamente fue su pasión por los trajes, disfraces y uniformes lo que la acercó por primera vez al Cabo Polonio. Se trataba de un guardia de seguridad del bolichongo en que había estado catando bíceps los últimos meses. En realidad era una changa, porque su trabajo principal era en las fuerzas policiales.
Lo que la Mamba consideraba más atractivo del Cabo era que estaba entrenado. No solo físicamente, que eso ya era un aliciente importante, sino también en la disciplina del cuerpo (policial). Si Blackie tembló de gozo al verlo por primera vez en su azul uniforme con botones dorados, sencillamente deliró cuando Polonio alzando la voz, dijo en tono marcial: "Negativo su pedido, señorita. Esta noche voy arriba."
Black Mamba se derretía al escucharle al Cabo expresiones tales como: "Ese masculino me parece sospechoso", "El operativo mate con tortas fritas fue un éxito", "Jefe, me alcanza hasta Temperley" o "No sé cómo lo vamos a arreglar" tan típicas del repertorio policíaco. Le pedía que se las repita una y otra vez mientras acariciaba su cachiporra y fantaseaba con ser ella algún día quien fuera obedecida.
Ella comenzó a experimentar con nuevos disfraces, compró cuero, latex, metal... de todas maneras Polonio era quien llevaba la batuta siempre. Cada vez se las ingeniaba para revertir la situación y hacerle la boleta. No es que Blackie no lo disfrutara, sino que no era ella del tipo sumiso... todo el tiempo. También ella quería alguna vez estar arriba, poner las esposas y ulular la sirena. Era otra estrategia la que habría de llevarla al éxito.
Un buen día, miraba La Mamba un viejo programa de Chips, enfundada en el traje de estrellas de Wonderwoman, cuando la idea le golpeó la cabeza como un batazo. Rápidamente corrió a su guardarropas para equiparse acorde a la ocasión. Se calzó las charreteras, la gorra azul, las botas de Xuxa. Se colgó de la cintura la fusta de jocketa, a falta de arma mas convincente y de esta manera, aprobando su atuendo frente al espejo, discó el número de su Cabo.
"Véngase al cuartel a las 1800, Cabo. Usted necesita un correctivo." Y equipó el baúl de los disfraces. A las 6 en punto, sonaba el timbre de la casa. Blackie, vestida para la ocasión, le abrió la puerta y ahí mismo descubrió que su plan había resultado. Encontró a Polonio en posición de firme, la mirada baja, la gorra en la mano, preguntando con un hilo de voz "Qué correctivo me merezco, Comisario?" B.M. aprovechó y ni lerda ni perezosa le clavó las esposas, lo condujo hasta la "celda de castigos" y le pidió que elija qué papel iba a representar, porque ahora ella estaba al mando y tenía ganas de ver una obrita de teatro.
A Blackie se le pasó la mano. No calibró su fuerza, y esa fue la última vez que se vieron. Polonio no eligió el traje de He Man, ni el de Tarzán, ni el de Gladiador, ni siquiera el de astronauta... Al ver la elección del Cabo, Blackie lo hizo abandonar la casa de inmediato. No lo pudo soportar.
Pero es el día de hoy, que a veces, cuando nadie lo ve, Polonio hurga en una cajita cerrada con candado, se encierra en el baño y comienza a vestirse de su verdadero "yo" siempre empezando con la cofia.