EW. Roommate de Bolivia

un diario público nomas

viernes, marzo 17, 2006

Excusas

Después del ladie´s de anoche -concurrido, divertido, apasionado, equilibrado, polémico- y su cantidad de alcohol correspondiente, esta mañana tuve que echar mano de toda mi fuerza de voluntad para despertarme dos horas y media después de que sonara el despertador y sacudirme la intrauterina sensación de perfecta armonía entre mi cama, las sábanas, Bolivia y mi posición horizontal. Con los ojos pegados y la perfecta consciencia de lo tarde que era, me arrastré hasta la ducha caliente bajo la cual me quedé inmóvil unos diez minutos con la esperanza de despertarme, pero no. Se oían desde la calle los truenos y ese ruido blanco que trae la lluvia cuando cae pesada. Me sentí autenticamente desgraciada mientras soñaba parada bajo la ducha con las 8 cuadras que tendría que caminar hacia mi destino de sentarme en una silla y leer los diarios en la computadora uno por uno (no hay problema con los viernes, actualiza Las 12). Al salir de la ducha relojeé el reloj y advertí que en ese momento tendría que estar saliendo, pero mis movimientos se habían vuelto tan delicados que sentía como cada planta de mis pies se apoyaba y levantaba sucesivamente del suelo a cada paso que daba hacia el roperito que llamo cocina. Bolivia pedía comida. Le puse sus bizcochitos dietéticos para gatas infladas como vacas en su tachito, me serví unos cereales con leche... me senté a comerlos en la cama mirando al espejo. Movimientos lentos. 10.25. Tendría que haber salido hace 5 minutos, y con esta lluvia, mejor hace 10. Pero tengo que ir al baño. Qué bien que hace el alcohol de la noche a las deposiciones matinales... sin ánimo de ofender. 10.30. Qué me pongo? El jean seguro, los tacos con suela de goma, una remera negra, el saco. Aros si o no? No sé donde están, mejor no. La crema de peinar. Me comería otra taza de cereal. Bueno, total ya es tarde. Sorry Bolivia, te limpio las piedritas cuando vuelva, ya no llego.
En la calle combate de paraguas, los que vamos contra los que vienen. Si te cruzás con un kiosco de diarios hay que hacer una filita, dónde está la guardia urbana para regular este tráfico? Lugar común, pero no menos cierto: pasa un auto por Sarmiento, levanta agua del charco de la calle y me baña por segunda vez... y yo que iba a dar como excusa justo que pasó un auto, me mojó y me tuve que ir a cambiar, pero ya es muy tarde para hacerlo en serio, así que sigo caminando resignada. Nada de putear, nadie te escucha bajo la lluvia. Uy, me tomo un pegadito, pero qué buena suerte! y mientras me siento a relajarme el músico del vagón se toca un blues en su órgano Yamaha super pulenta, y después otro. Aplaudimos, tiramos moneditas gustosos en su carterita. Combinación en Diagonal Norte, mi puerta es la que da a la escalera mecánica, bien! Pero delante mío bajan dos que se plantan codo a codo en la escalera. Permisoooooo, qué no saben que el carril de la izquierda es para los que trepamos en la mecánica? Si te querés plantar movete un poco, sé decente, nunca fuiste a París? Que incivilidad!
11.03, ya tendría que haber entrado al local y estoy haciendo combinación bajo tierra... bueno, che, llueve, esa es la excusa perfecta... pero, qué boluda! Me olvidé el reloj! Bueno, no importa, tengo el celular acá, no acá... no. Puta, me lo dejé en lo de Mara. Bueno, estoy llegando tarde por eso, me olvidé el reloj y el celular, no hay manera de saber la hora y estoy calculando a ojo... medio floja la excusa. Pero puedo combinarla con la del chapuzón... ok. Plaza San Martín. Combate encarnizado de paraguas. Un par de baldosas flojas... nada nuevo. Esquina de Esmeralda y Arroyo: cuatro camiones celulares, la calle vallada, detectores de metales, 10 policías por metro cuadrado.
Ah, me dice el diariero, es que hoy es la conmemoración de la explosión de la Embajada de Israel, hasta las 4 de la tarde esto va a estar así.
Y de ahí en más una hora para pasar la valla, una periodista a las puteadas, gente protestando por los detectores de metales, unos veinte policías enmascarados con pasamontañas y armas de guerra parapetados en cada bocacalle, lluvia y mas lluvia. La galería llena de agentes de la Side vestidos unos como Men in Black, otros como el Inpector Gadget, todos tomando cafecito envenenado en el bar. Abrí el local una hora más tarde de lo que debía. Sobraron las excusas.

1 Comments:

At 12:58 p.m., Anonymous Anónimo acota que...

un relato urbano que no desentonaria en ningun best seller de bolsillo

 

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