EW. Roommate de Bolivia

un diario público nomas

sábado, marzo 04, 2006

True Stories (Vol 4) - noches patovas

Una realización de Bolivia Producciones

Existen ciertos prejuicios incontestables en torno a la raza de hombres musculosos. Una cosa es el deporte y otra el complejo de bruja de Blancanieves. Lo que para unos es simple salud y complemento, para otros es adicción y complejo. Esto es un hecho de la vida que no tiene refutación conocida: NO EXISTE EL MACHO DE GIMNASIO. Las palabras macho y gimnasio no van unidas, no hay vuelta que darle. Sin embargo, dado que sí van unidas las palabras macho y gimnasia (así, en femenino, como todo lo que elige el macho) en cuanto a deporte y salud, ciertas chicas tienden a confundir los tantos y se ven envueltas en sorpresa y media.
Esto es claramente lo que le ocurrió a Black Mamba despues de tanto desengaño amoroso. Ya conocemos las historias del niño paragüista, Pancho y D. Ler, sabemos que Blackie es una idealista empedernida y no se da por vencida. Esta vez fue el turno de Pedro Belloso, un especimen de boliche de los que andan en barra de un lado para otro, zurcando la pista al compas de los movimientos de su blonda cabellera tratada con productos de aceite de tortuga.
B.M. había ido esa noche al Cactus Bar junto a un par de amiguitas, todas vestidas para la ocasión con el equipo de moda: Medarda estrenaba sus botas tex mex de cuero de lagarto y lucía extraordinario jopo merced a horas de batido y kilos de spray capilar, Balbina llevaba corbata de raso azul al tono con su boina calada y tiradores elásticos. Black Mamba se había lucido esa noche y se había animado con el escote clavado, las mechas de colores fluo y las sandalias de taco aguja.
Eran verdaderamente un grupo encantador y atraían todas las miradas.
Blackie debió haber interpretado mejor los signos que se le presentaban como evidencia, pero el alcohol le nublaba el entendimiento. Se estilaba en aquellos tiempos tomar una mezcla de varias bebidas alcohólicas a criterio del barman llamada séptimo regimiento, que bien podía llevar whisky, hesperidina, campari, ginebra, fernet y ron o añejo w, ocho hermanos, gancia, cointreau y amaretto.... o todo eso junto, la idea era acabar las botellas. Era una bomba de tiempo que se servía en vaso de trago largo, haciendo que a la hora del cierre se vieran largas hileras de chicas vomitando en la vereda -lo que de alguna manera era considerado muy sexy, ya que la escena se repetía sábado tras sábado.
Había la Mamba probado aquel brebaje? Seguramente, pero también Pedro Belloso, quien esa noche tropezó con ella a la salida del baño donde él había pasado un cuarto de hora emparejándose el Indian Earth (el autobronceante de moda) y ella había hecho una cola interminable para mojarse el pelo en la bacha y lograr el "efecto húmedo".
Fué quizás esa combinación de agua y sudor resbalándole por el cuello lo que llamó la atención de Pedro. Fué sin ninguna duda la similitud del brazo de Pedro asomándosele por la apretada manga blanca de la remera con el brazo de aquel modelo de la publicidad de Mango lo que llamó la atención de Black.
Luego los eventos se sucedieron con una pasmosa celeridad: flechazo, él pregunta si ella está sola, ella sonríe enigmáticamente y parpadea tres veces, él la invita a bailar, ella responde que ya bailó mucho esa noche, él pierde su mirada en el escote, ella no se resiste y lo toma del bícep derecho, él intenta con la pregunta del signo zodiacal, ella dice que es tigre en el horóscopo chino y le dedica un rugido, él no sabe de horóscopo chino e intenta con la música, ella responde que le gusta cualquier cosa que se baile de a dos y le toma el otro bícep acercándose, él no entiende qué va mal, por qué ella no responde a sus intentos de seducción con respuestas mas convencionales que él pueda contestar, ella lo empuja hacia los reservados, él mueve su cabellera...
a las 6 de la mañana salen al sol, ella con el escote torcido y la cara enrojecida, él con las chapas enmarañadas e infladas de humedad, los dos de la mano y ya no se separan. Encuentran en la fila del cordón de la vereda a Medarda y Balbina, devolviendo sus tragos en la alcantarilla y las suben en sendos taxis.
La primera vez que fueron a un hotel alojamiento a Blackie le pareció extraño que Pedro llevara su propia crema de enjuague, pero no pensó mas en ello cuando pudo tocar ese cuerpo esculpido en horas de gimnasio. Pedro se encargó de explicarle que para tener esos bíceps que a ella tanto le gustaban era necesario hacer tres series de repeticiones de ocho y que ahora estaba levantando 50 kgs. A Blackie le pareció muy simpático el dato, pero no supo qué hacer con él, una vez más había dejado escapar una señal.
A la semana siguiente Pedro estaba exultante, había conseguido trabajo como Patovica del Cactus Bar. Ahora iba a tener que entrenar doble porque su trabajo dependía de su cuerpo. Blackie también se alegró, ya que eso le garantizaba entradas gratis, pero no pudo preveer el desenlace fatal. Pedro se esforzaba en el gimnasio con sus repeticiones por la mañana, a la tarde veía a la insaciable tigresa que tenía por novia y en las noches oficiaba de atlante en la puerta del Cactus rompiendo ocasionalmente una que otra crisma. Sin embargo estaba preocupado, hacía ya tiempo que sus músculos no crecían acorde a sus objetivos. Llevaba en su bolsillo una cinta métrica con la que hacía a Blackie medirlo día a día y anotaba sus progresos en una libreta. Pero no había progreso alguno que anotar. No entendía Pedro qué pasaba y habló con los muchachos del gimnasio. Esa noche, pasó a buscar a Blackie para darle la mala noticia: desde ese momento se haría célibe. No es compatible el músculo inflado con la actividad aeróbica, así como no es compatible el gimnasio con el macho. No se le piden peras al olmo, Blackie.
Sin embargo, no acabó la cosa tan mal esta vez. Black Mamba reaccionó, se rió, lloró, lo trató de mariquita y le exigió su ración de amor. Pedro, atribulado, contó estas exigencias a los muchachos del Cactus, quienes eran lo suficientemente nardos como para catalogar a Blackie de ninfómana pero no tanto como para hacer caso omiso de esta vuelta de tuerca. Asi fue como Black Mamba prontamente tuvo a un ejército de patovicas ofreciéndole su amor y durante ese año se cansó de catar bíceps.