subway for foreigners
Los dos pibes del subte dialogan en un idioma extranjero. Sus voces elevadas permiten que el vagón entero, que está semivacío, los oiga... pero no los entienda. La señora petisa de la campera azul no les presta demasiada atención, le pesa demasiado la bolsa gigante de ropa que trae de Once... La chica rubia con pañuelo al cuello, en cambio, cada dos minutos revolea los ojitos para el lado de los extranjeros. Uno diría que le producen mucha curiosidad. Y sonríe. Espera gustarle a alguno para que vuelva a su tierra pregonando las virtudes de las chicas locales.
El clima del vagón es de curioso silencio. Parecería que los dos chicos están hablando de un tema muy interesante... solo que me juego que nadie sabe de qué. Se ríen, cada tanto una de las voces se eleva y uno se da cuenta de que se trata de un recuento probablemente de lo que les pasó en el día... o en la semana... o con aquella chica que conocieron... pero la verdad es que mucho mucho no podemos descifrar. O si... mirá, ese pibe del traje, el alto, el que tiene cara de oficinista bilingüe que está estirando la cabeza a más no poder hacia el lado de los visitantes. Creo que los entiende porque sus sonrisas caen justo en el momento del chiste, y cuando llegamos a la próxima estación y estos chicos empiezan a mirar los carteles y sus mapas en idioma extranjero insertos en libros gordos que se llaman "go to the wild land" o "travel at your own risk" o algo así, se ofrece sin que nadie le pregunte a guiar a estas dos almas perdidas por los laberintos del subterráneo porteño. El resto de los pasajeros comprende. Algunos se miran entre sí y se hacen guiños como diciendo:- mirá, como chapea idioma este pendejo que baila en Opera Bay. Otros se lamentan de no haber sido ellos quienes se acercaron, hubieran estado mas que predispuestos a indicarles el camino, aunque sea por señas. Se lo merecen. Son turistas y nos deleitan con sus monerías. Mirá sino la ropa que traen puesta... a quién se le ocurre llevar la remera dentro del pantalón. Los argentinos no hacemos eso. Es pecado. Miralo a Messi entrando a la cancha, dos pasos y se apura a desembutirse la camiseta del shorcito... No sea que lo confundan con alguien de otro país.
Y los turistas agradecen, se bajan en esa estación y se pierden de vista. Nos invade una sensación de vacío y poco a poco volvemos a mirarnos las caras de culo.





