qué llame, qué llame!!
Algunos dicen que hable, otros prefieren que no lo haga... que dilema, que dilema. Me han sucedido varias cosas este fin de semana. Poco que ver o quizas todo que ver unas con otras. Sin embargo mucho mucho que pensar al final. Y podría conversarte sobre la buena educación y su contraparte espantocónica... o de como el transporte público, algunas veces supera con creces las bondades del privado... O de los rasgos que me agradan y los que agradan al resto de la humanidad... y te estaría hablando siempre de lo mismo. El tema es que tengo un fetiche. Solo mis grandes amigos lo conocen y les causa mucha gracia. A mi tambien me causa mucha gracia, pero ademas me vuelve loca... y el caso es que conozco a esta persona que se ajusta a mi fetiche como pocos, qué ganas. Al mismo tiempo, o casi, conozco a otra persona que se esfuerza en ser lo que diosito no le permite... y me da una pena, pero una pena!!! Y a la vez bronca porque tambien tiene problemas de educación... y si tu problema es con diosito, flaco... yo no quiero pagar, que ni creo creer.
No es de buena persona desquitar con alguien que no merece las ganas, ya sé. Me disculpo. Será posible, Maru, Marie, Marita, Mari... que esta ley no tenga excepción? Será que el destino es buscar y buscar siempre por detrás de la puerta que se abre, que esa justo no nos gusta, que hace frío, que está fea decorada, que da poco menos que a un abismo, que no te toca como te gusta, que ni para eso...? Y a la que vas a tocar no contestan. Si le pasas por enfrente rogando que te tropiecen, resulta que usa la puerta del jardín. Si te haces pasar por el sodero te dicen que ahí solo finamente gasificada. Si le pintas un grafitti en la mirilla te llaman a la policía... Que delivery no, que no te compran una biblia, que ya ganaron el desafío de la blancura y qué se yo.
Mirá reina, todo muy lindo pero no das.



