Los 400 golpes
Tengo un hábito algo curioso. Acecho.
No es fácil confesarse acechadora, puede malinterpretarse mucho y dar lugar a confusiones. Incluso sé que esta confesión puede volverme un tanto mas freak a los ojos de varios, y sin embargo ha llegado el momento de reconocerme como tal. Soy una acechadora ocasional, un tanto fanática a veces, pero cero peligrosa.
Ando por la vida acechando lugares y personas.
He acechado los sitios en donde tendría una próxima entrevista laboral, la casa del chico que me gusta, puertas de lugares varios...
Este domingo, por ejemplo, aceché un cine alternativo. No tenía nada que hacer y en el diario promocionaban una función de Truffaut en un cine del que nunca había oído hablar, a diez cuadras de casa. Como a mi los programas alternativos me divierten y no tengo ningún problema en salir sola, me calcé las zapatillas y salí a buscar la dirección. La idea, en verdad, para qué disimular, era conocer gente. Se supone que este tipo de películas son favoritas de los jóvenes atormentados con aspiraciones de cinéfilos retro de Buenos Aires. Tengo cierto fetiche con los jóvenes de ese palo.
La historia es que a medida que me iba acercando a la dirección indicada, mas raro me parecía que allí hubiera un cine. Un barrio obrero, sin pretensiones... una puerta de hierro, un edificio antiguo de dos pisos... 2°E... me achuché. No pude entrar, no pude tocar el timbre, pasé de largo y crucé la calle. Sin embargo me daba mucha curiosidad saber si era ese el lugar, y si lo era, quién asistiría... despues de todo todavía podía encontrarme con algún joven angustiado con pretensiones de existencialista.
Así que me acomodé en la puerta del eki, frente al supuesto cine... y aceché. Estuve ahí parada durante media hora. No me importó mas nada que mi objetivo durante todo ese rato. Incluso me mimeticé de alguna manera con la columna en la cual estaba apoyada.
Entraron dos parejas de viejos, tres cuarentonas solas y un pelado. No se si este cine no es muy cool o la película ya la vio todo el mundo.
Dí media vuelta y me fui mascullando unas cuantas cosas... por un lado que despues de todo no me había visto nadie conocido hacer tamaña zapallada, por otro que iba a tener que elegir mejor la película para la próxima incursión. También pensé en esta costumbre mía de acechar lugares y personas... y así iba metida en mis pensamientos cuando efectué el hallazgo del siglo: sin quererlo descubrí donde van todos los hombres solos de la ciudad...


5 Comments:
Los hombres solos van a la cancha, pero eso no significa que no tengan a nadie que los espere. Hay otro lugar que los aune en toda su rica variedad??
Alice Ayres
Ah... no vale!!! esos finales abiertos...NOoo...A donde van los hombres solos? Que descubriste? Como una dimension paralela donde estan "ESOS" que buscamos ?...turururu...turururu...(es la musiquita de dimension desconocida)
Los hobres solos van a los gateríos baratos del microcentro a buscar a Silvia Perez.
Alice casi la pega...
Los hombres solos, los domingos a la tarde, ocupan las mesas de todos los bares con tv de buenos aires y miran fútbol. Se los puede ver sentaditos solos, todos mirando hacia el mismo lado, con la cabeza un tanto ladeada hacia arriba y la mirada fija y la boca entreabierta. No hablan con nadie, no comentan, no van en grupo...
Se sientan y miran tele en el bar.
Sinceramente y sin ánimo de alentar polémicas, creo que es una de las postales más patéticas y desoladoras de los domingos por la tarde.
Ir al bar a mirar tele solo!!!! buuuuuuuuuuu
Yo fui a un hotel "Faraon" donde ofrecian los domingos doble turno y pasar el partido codificado. No, no, si mi chico se pone a ver el futbol ahi y no labura...se le arma, pero alguien lo debe hacer sino no lo ofrecerian...asique...buuuu a los fana del futbol, que se pierden bombones como nosotras.
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